Un mudo espectador

Sherlock Holmes, el intelectual detective británico, en una extraordinaria ocasión tuvo que enfrentarse a Magnus, quien mencionaba guardar todo tipo de información en lo que él consideraba su “Palacio Mental” y aunque inocentemente el criminalista creyó que este era un lugar físico, no demoró en darse cuenta de que todo era producto de una increíble memoria fotográfica. “Perdido en el Suburbio”, es mi palacio mental y lo único que la mantiene viva es mi memoria, mis pensamientos a medianoche, mis deseos reprimidos y crónicas – de lo que supone – una herencia para mi hija.

Este espacio nació con poemas, relatos, opiniones y últimamente con un poco de intromisión política. Solo aquí puedo sentirme realmente libre de compartir lo que deseo sin sentirme presionado por la idiosincrasia ajena.

(Bueno, hasta esta altura del post, espero ya tengas algo calientito acompañándote porque lo que se viene, tiene para rato.)

Ok, al grano. Hablemos del indulto.

LOS HECHOS

El 24 de diciembre del 2017, aproximadamente después de las 6 de la tarde, el presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski concedió el indulto “humanitario” al ex mandatario Alberto Fujimori. Para algunos, una noticia esperada y merecida para el afectado y para otros, una injusticia, una pena y decepción de quien había dicho en repetidas ocasiones que no lo haría.

LO TONTO

Fue de sorpresa el indulto desde cualquier punto de vista, aunque como muchos dicen ya la habían “cantado”. Pero, lo que no fue una admiración seria la rápida movilización de una marcha contra el indulto y luego una gran revuelta pública que se expandiría por muchas ciudades del interior del país en contra de lo que muchos suponen una injusticia moral. Para quien escribe el presente texto, se encontraba trabajando, cuando en unos minutos de ocio se le ocurrió ver el feed de Facebook, para darse con la penosa noticia. La navidad, se había acabado.

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Estoy casi seguro, que la oposición frente al indulto no reclama lo que Fujimori hizo a favor del terrorismo (aunque ya está demostrado que no tuvo mucho que ver con la misma), nadie — por lo menos, en su mayoría — sale a las calles por lo que — supuestamente — nos “salvo”, ni por lo legalmente correcto que haya sido este indulto o no, sino por la manera en que este fue hecho, tras argumentos que si bien suponen una estrategia política, se prestan a una insinuación de actos bajo la mesa y juegos sucios por mantener la corona. No es coincidencia que — en mi opinión — las mentes más cultas de este país se hayan manifestado en contra del indulto y la manera tan dudosa y prejuiciosa en la que este se realizó. Por lo cual, me parece tonto que muchos supongan una marcha de jóvenes a favor de una especie de borrón y cuenta nueva con el terrorismo y falta de reconocimiento hacia lo que A. Fujimori hizo; cuando en verdad es una oposición que reclama una condena aún no cumplida y eximida por diagnósticos, al parecer, médicamente manipulados.

LO QUE CREO

He llegado a la conclusión que presionar la llaga de aquellos que vivieron en el penoso régimen de los 90, es poner en tela de juicio susceptibilidades, por eso me aleje de todo debate social con el fin de no perder la afinidad de algunos que pese a su candidez, quiero mantener. Sigo en contra de este indulto porque, como lo mencioné, de humanitario no tiene nada. Tampoco estoy a favor de las marchas, por lo menos no de las últimas donde solo se puede apreciar, como algunos dicen, “los pulpines” idiotas rayando y destruyendo patrimonio que nada tiene que ver con la causa.

Pido perdón a aquellos que confundieron mis intenciones, solo soy alguien que cree en argumentos y no en sentimentalismo. No soy anti-fujimorista, solo un joven demócrata conservador de ideales tan viejos como los de Víctor Raúl Haya de la Torre, quien creía en gobernabilidad más que en lágrimas y sangre. Con esto, claro está que no soy aprista sino seguidor de nobles hombres, quienes lastimosamente se vieron hollados por sus sucesores.

Por eso, que VIVA EL PERÚ y su causa justa. Basta de votar por el que mató o robó menos y comencemos a crear una cultura democrática, donde dentro de no mucho, podamos ver reflejado un estado donde no sea el “mal menor” el que nos gobierne, sino uno que simplemente crea y trabaje a favor del pueblo.

Atte,

James Noria.

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